Calma chicha
Calma chicha A veces, aunque estemos rodeados de paz, buscamos guerra. Emiliano Santomé (el pescador de la imagen) podría haberle dicho a su novia: “Oye, Conchita, que hoy no me apetece cine, que me voy de pesca”. Pero, en vez de eso, le ha dejado esta ambigua nota sobre la cama: “Oye, Conchita, que estoy harto de películas, que me voy”. Ahora mismo Emiliano, como veis, está cebando tranquilamente los anzuelos, ajustando la plomada y revisando el resto del aparejo. El agua parece perfecta y se intuye una tarde magnífica de pesca. Sin embargo, en pocos minutos Emiliano dará vueltas a lo que ha escrito, e imaginará a Conchita llorando a mares, tendida sobre el colchón, releyendo una y otra vez la dichosa nota, y sentirá un pinchazo (no demasiado grande, eso sí) de remordimiento. Aunque después imaginará que, en vez de llorar, ella se llena tanto de rabia que, como alma que ll...