El último regalo.
«Día: 25 de diciembre de 2029. Hora: 13:30. Temperatura: 33º. Localización: algún lugar de Lugo (puede que en la sierra de Ancares). Estaba a punto de terminar el reparto, pero he tenido que efectuar un aterrizaje forzoso. El GPS no va, y el intercomunicador, por lo que se ve, tampoco. Me duelen las lumbares. Llevo horas intentando arreglar la avería, pero este motor eléctrico es un puzle para mí. ¿Podríais darme alguna solución?». Nada. No sé para que escribo a la Central porque nunca contestan. Creo que de autónomo me iría mucho mejor. Para colmo, he ido a caer junto a la cabaña de una vieja solitaria que lleva ya un buen rato gritándome cosas sin sentido: —¡Antón! ¡Vamos, rapaciño , deja ya la decauve , que la vas a malograr! Y entra aquí, que hace moito calor. A mí me lo va a contar, señora, ¡me suda hasta la barba! ¡Maldita suerte! Apenas me quedaba un mísero regalo para poder irme a casa cuando Rudolph ha decidido zigzaguear. Los demás lo han seguido, una cadena...






